viernes, 9 de enero de 2015

Sólo un deseo

Maridaje musical: "The Trio" (Ennio Morricone) Enlace youtube



Se sentó a su lado mientras su cuchara danzaba en movimientos circulares, sumergida en el café que le acaba de traer el camarero. Sin presentación alguna le dijo:

- ¡Pide lo que quieras! Pero sólo una cosa.

- Con este café estoy servido, gracias – le replicó, rechazando la invitación.

En cualquier caso, el extraño insistió.

- No me has entendido bien, César. No me estoy refiriendo a una consumición, sino a cualquier cosa que desees. Sea lo que sea, me lo puedes pedir; pero piénsalo bien porque sólo tienes una oportunidad.

-  ¡Mire! Perdone si le conozco de algo y no lo recuerdo. No deseo nada. ¡De verdad! Sólo estoy esperando a una persona.

- Sí, lo sé. Estás esperando a tu hermano Juan. No te preocupes, me iré antes de que él llegue.

Acto seguido, se hizo el silencio en la cafetería y cada movimiento quedó interrumpido por una súbita congelación general. Todo, excepto ellos dos, se inundó de inmovilidad, como si fuesen la única señal de vida dentro de un decorado. César clavó la mirada en su misterioso compañero, mientras éste continuaba con su explicación.
- Como te acabo de decir, puedes pedir un deseo y te será concedido. Normalmente no suelo hacer esto, pero por ser tú, voy a ponértelo más sencillo. Te daré un par de intentos previos. 

- ¿Intentos? ¿Qué intentos? -  respondió César mirando aterrado hacia su estático entorno.

- Te lo explicaré. Cuando formules tu petición, tendrás la oportunidad de ver sus consecuencias a medio y largo plazo. Eso te permitirá ratificarla o cambiarla por otra si considerases que los frutos no son de tu agrado. En este segundo caso, de nuevo te mostraré sus secuelas para permitirte, si así lo quieres, el intento definitivo, cuyos efectos ya no te serán adelantados. No me crees ¿verdad?

Entonces, el aspecto del sorprendente visitante, varió de forma súbita para convertirse en Juan, el hermano al que César esperaba.

- ¿Estoy soñando? ¿Quién eres? ¿Qué significa todo esto? – le espetó César

- No te inquietes, esto es sólo una apariencia para enseñarte alguna de mis múltiples capacidades. Considérame una suerte de “Papa Noel”, “genio”, “ángel” o como quieras llamarme. Has sido elegido al azar para influir en la vida, como desees. No sólo en la tuya, ni en la de tu familia, sino en la “vida” en el sentido más genérico que puedas imaginar. Y como quizá no seas consciente de esta influencia, te brindo dos intentos previos. No creas que eres el primero. Llevamos haciendo esto desde hace mucho tiempo, una vez cada cien años, coincidiendo con un 24 de Diciembre del siglo. ¿Te suenan los nombres de Leonardo da Vinci, Newton o Hitler? Ellos también tuvieron sus propios deseos. Ahora, te ha tocado a ti.

César no podía dar crédito a lo que estaba escuchando y sólo acertó a decir.

- Así que, si yo, por ejemplo, pido ser la persona con más dinero del mundo ¿me será concedido?

-¡Sea! Primera oportunidad consumida.

- ¡Espere! Aún no lo había hecho firme.

- Demasiado tarde. De todas formas, aun te quedan dos, si ésta no te gusta – Le dijo el peculiar genio mientras le invitaba a observar la pared que quedaba a su espalda.

En el blanco tabique, César pudo ver la película de los hechos desencadenados por su petición. En efecto, en el largometraje él era el protagonista. Su inmensa fortuna le proporcionó nuevos amigos y con ello el alejamiento y abandono de los que había adquirido durante su infancia. Invirtió en negocios que a menudo no eran precisamente honestos. Se convirtió en un ser avaricioso e insolidario; rico en bienes materiales pero absolutamente indigente en cariño y amistad. Todo terminó con un disparo, en el lavabo de una lujosa cafetería, cuya bala quedó alojada en el cerebro de César ante la mirada sonriente de uno de sus socios, que portaba el arma aún humeante.

- No parece que te vaya muy bien con tu petición, ¿verdad? – le soltó el genio con una evidente sorna y prosiguió:

- De todas formas, no olvides que esto no era más que un primer simulacro. Aún te quedan dos oportunidades.

César se sintió atacado en su orgullo y experimentó una considerable vergüenza por haber formulado una petición pensando exclusivamente en su propio bien, mostrando un inapropiado egoísmo. Enrabietado decidió aceptar el reto y solicitar un nuevo deseo. Esta vez lo tuvo claro. Pediría aquello que todo el mundo deseaba sistemáticamente durante las fechas Navideñas: Que se acaben el hambre las guerras y las enfermedades que asolan el mundo. Debía optar por una de ellas y eligió el fin de las principales afecciones mortales, dotando a la población de una longevidad exagerada.

En la película que se sucedió, se mostraba un mundo en el que, durante los primeros años tras la consecución del enorme hito que supuso el descubrimiento de un medicamento gratuito para todos los males conocidos, prácticamente la mortalidad era debida a accidentes, exclusivamente. Eso provocó un exceso de natalidad cuya consecuencia fue un crecimiento exponencial de la población mundial. Pronto se  hizo tan numerosa que comenzaron a faltar los recursos. Las desigualdades se incrementaron desmesuradamente y los exterminios por parte de los más poderosos se convirtieron en cotidianos, simplemente para hacer sitio. El final, como en el anterior intento, lo encontró César en el baño de una cafetería, por ser el inventor del medicamento universal. Esta vez, el responsable del balazo, fue un indigente que había perdido a su familia, asesinada en nombre del progreso.

César, aún horrorizado, decidió acabar con el juego y no pedir ningún deseo más.

-  Si haces eso, se te concederá el último que has pedido – sentenció su interlocutor

- ¡Se acabó! No quiero seguir con esto – le gritó César

- Ya has empezado y lo único que no está permitido es que lo detengas a tu antojo. Yo que tú pediría algo nuevo. No dispones de mucho tiempo. Apenas dos minutos para tu tercera y definitiva elección.

La imagen del siniestro Papa Noel, genio, ángel o lo que fuese, brindándole una sonrisa de burla y satisfacción, con el robado aspecto de su hermano Juan, le pareció a César abominable y demoníaca. Cuando casi se daba por vencido y dudaba entre callarse o pedir cualquier cosa que se le ocurriese con tal de no conocer las consecuencias, esbozó una significativa sonrisa de triunfo y formuló su deseo definitivo. A continuación se levantó de la mesa dispuesto a abandonar la cafetería. Cuando estaba abriendo la puerta, un sonoro disparo descongeló la escena. Todos se arremolinaban alrededor de un hombre desfigurado que se había levantado la tapa de los sesos con un revólver, en respuesta a una petición. La melodía de un teléfono móvil que nadie parecía percibir, ponía banda sonora a la escena final.

            Se despertó con los acordes de la sintonía de “Falcon Crest”, su serie favorita, que surgía insistentemente del móvil que descansaba en la mesita de noche. Aún aturdido por la pesadilla que acababa de tener, apenas acertó a pulsar la tecla que daba inicio a la comunicación para articular el consabido

- ¿Sí?, ¡Digame!

Del otro lado, su madre, histérica, entre gritos de lamento y sollozos, le dio la noticia.

- ¡CESAR….!, ¡JUAN..! ¡MI JUAN..! se me ha matado de un tiro esta mañana en la cafetería de abajo.

2 comentarios:

  1. César!!
    Acabo de quedar pegada a la silla!!!
    Fantástico.
    Un beso

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    1. ¡¡¡Muchas Gracias Miss Lund!!. Me has alegrado el día. Eres un SOL.
      Un beso

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